Comunidad ÉTNOR

Foro de debate sobre ética y responsabilidad social en empresas y organizaciones

Los pulmones pulsan el esfuerzo. Emiliano, montaña arriba, busca a sus ocho vacas que hará un par de días cometieron un error. Cruzaron la frontera de la provincia. Ellas, nativas de Soria, atravesaron las fronteras que nunca vieron, en busca de mejores pastos donde su buen sentido les indicaba. Nadie anda lejos de comprenderlas pero no se les puede permitir. ¿Que sería de todo aquello que depende de la conservación del orden establecido si unas vacas pudieran disfrutar de los mejores pastos que fuesen capaces de buscarse?.

El mundo está lleno de Emilianos, el pastor soriano. Hace no mucho me crucé con una mujer marroquí. Resultaba difícil saber cual era su estatura pues un fardo de cien kilos de hierba la ocultaba, obligándole a andar mirando al suelo. Era alimento para sus animales.

 

Gentes que en silencio todos los días se levantan para construir el mundo real. Mineros, pescadores, albañiles, empresarios, campesinos, escritores, amas de casa, comerciantes, transportistas,... todos nosotros construimos desde el trabajo diario, la realidad que sostiene este mundo. Somos muestras de fuerza y trabajo, de esfuerzo y voluntad, de decisión, somos creadores de valor y portadores de valores. Creamos todo lo que necesitamos para ser y ser dignamente.

Pero hay otras gentes, que son muy pocas, y no conocen el esfuerzo ni el trabajo, están lejos de todos, obedecen consignas que no las forjan personas dispuestas a luchar, consignas creadas para servir a un medio, a una herramienta, gentes cuyo rango pasa a ser en la realidad el de omnipotentes sin saber cuando se lo ganaron o quien se lo otorgó. Estas gentes no producen, no generan riqueza alguna, es más, sangran todo aquello que se pone a su alcance sin dar explicaciones ni tan siquiera a quien las pide.

Frente a esas pocas estamos la inmensa mayoría, las que nos organizamos, compartimos y construimos conjuntamente. Las que descubrimos la cooperación desde la realidad de nuestras necesidades, y la escasez de nuestros recursos sin haber usado esta palabra para definirnos. Los valores sobre los que construimos nuestra cooperación no entienden de distingos, todos cabemos cuando de forma corresponsable tomamos un objetivo común y trabajamos para conseguirlo. Sin embargo el sistema lo dominan los pocos que construyen de espaldas al mundo, les dejamos que así lo hagan e incluso intentamos emularlos en cuanto podemos, lamentable. Aunque es cierto que nadie tiene poder si no se lo damos, parece que hemos decidido dárselo todos a esos pocos que dirigen este barco común a la deriva y sin mayor objetivo que apropiarse de todo cuanto les sea posible antes de que la nave se parta en mil pedazos contra las rocas.

El modelo natural de organización de las personas es autogestión, cooperación, colaboración. En ese modelo podemos encontrar la fuerza que desautorice a los especuladores y a sus títeres que nos gobiernan. La generosidad y la empatía convierten en posible un desarrollo para todos en el que nadie queda excluido del ser y del estar. La redistribución de la riqueza, desde el respeto a un mundo que se agota por el abuso inconsciente, se logra desde la cooperación corresponsable. Algo que es natural a la esencia humana y no necesita tanto de regulaciones, organizaciones, estructuras pesadas y, en algún caso, prácticamente inútiles, como de las voluntades unidas de las personas. La actual situación nos muestra con claridad que en ese camino estamos todos los que de verdad queremos andar en armonía y justicia: los empresarios de la parte real de la economía, los que lo son de verdad, los trabajadores, los vecinos, los consumidores... la buena gente dispuesta a luchar por un mundo diferente en el que tengamos todos nuestro espacio.

La vida sencilla, que no simple, aquella que menospreciamos cuando el objetivo del mundo es la acumulación de dinero como un valor en si mismo, cuando la observas desde la tranquilidad y la cercanía recupera ante tus ojos todo el potencial de construcción comunitaria que hoy necesitamos.

Cuando observamos a ese pastor que sube la montaña en busca de sus vacas o a aquella mujer con su pesada carga, podemos entender cual es el cambio de los parámetros.

El tiempo y su gestión para la vida es el primero que te asalta. Gestionar el tiempo como quien corre detrás de su sombra sólo genera insatisfacción y estrés. A mitad de la ascensión cuando te cruzas con el buen pastor conversas, intercambias conocimiento y la experiencia, el sentir y la esperanza.

El consumo regido por la búsqueda de la cantidad sin otro criterio es absurdo. Se pelea el precio por tener más, creyendo que esa es la vía acertada para llegar a la satisfacción del consumidor, de las personas. El consumo debe cambiar su paradigma hacia un conglomerado que nos hable de cercanía, del entorno, de calidad real, del medio natural, de las personas con las que compartimos esta vida, de aquellas con las que cooperamos, de justicia en el acuerdo...

La estupidez de lo virtual, de lo falso, de aquello que no tiene su concreción en realidades palpables, es seguramente una tercera verdad que aflora cuando miras, escuchas y sientes a quien te habla desde el esfuerzo y la vida. Cuando evidencias estas y otras realidades y te permites dejar fluir la naturaleza cooperativa de la buena gente, te acabas de convertir en un peligro para los que viven de este sistema injusto, obsoleto y débil.

Es el miedo la única herramienta que les permite perpetuar, en último término, su estatus omnipotente a los especuladores y sus políticos que expolian el mundo. El miedo es especialmente fácil de construir sobre la ignorancia de una sociedad engañada por el valor del dinero. Sociedad a la que le toca ya responder. Terroristas, epidemias, castigos divinos, enfermedades mortales, el hambre y la miseria, guerras, quiebras, la protección de la propiedad y otras cuantas situaciones más son esgrimidas y arrojadas sobre la gente buscando controlar nuestras reacciones y evitar que el pensamiento ocupe nuestro tiempo e interés. Como humanos somos más fuertes cuando estamos juntos y pensamos colectivamente desde la suma de los pensamientos de cada uno de nosotros. El miedo prefabricado ha de encontrar un duro rival en las comunidades cohesionadas y autogestionadas.

Siempre han existido aquellos que no aceptan lo establecido y luchan por lo que sueñan. Caballeros lanzados contra molinos de viento. Hoy los quijotes somos los que emprendemos caminos que reinventan el modelo y lo hacemos entre y para todos.

El emprendimiento social no es exclusiva de nadie pero si es necesidad para todos.

 

NITTÚA

Raúl Contreras

Núria González

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