Comunidad ÉTNOR

Foro de debate sobre ética y responsabilidad social en empresas y organizaciones

Hace unos meses publiqué aquí una breve entrada defendiendo la Universidad de algunas críticas que a mi parece son injustas (http://comunidadetnor.ning.com/profiles/blogs/la-responsabilidad-de...). Fue un texto en vano, en primer lugar porque no soy nadie para defender a la Universidad, y en segundo lugar, porque la universidad no se deja defender fácilmente.

Transparency International (www.transparency.org) acaba de publicar un informe especial sobre la corrupción en la educación superior. En él se reconoce que hay cuatro factores que están favoreciendo las prácticas corruptas en la academia. El primero es la erosión en los salarios y las condiciones laborales de los docentes que generan situaciones de riesgo. Para compensar esto parece que hay profesores que venden notas, o lo más extendido y menos grave, buscan trabajos suplementarios que les hace descuidar sus responsabilidades docentes. El segundo factor, relacionado con el anterior, es la falta de apoyo de los gobiernos a la educación superior que está obligando a que las universidades se embarquen en otras actividades lucrativas (consultoría, gestión de empresas o instituciones), y obliguen a sus profesores a dedicarse a actividades comerciales antes que a las de investigación o docencia. El tercer factor es la obsesión por los rankings y por ganar prestigio – casi- a cualquier precio. Y finalmente, la necesidad de las universidades de incrementar sus ingresos les está llevando a perder autonomía. En esencia, son factores que crean situaciones de riesgo y favorecen las prácticas corruptas.

La fuerza que más está transformando la universidad es la económica. Nunca como ahora en la historia había sido tan valioso el conocimiento, y se había vendido y comprado tanto. La búsqueda del beneficio económico ha pasado de ser una necesidad a una obsesión que está llevando a muchas universidades (públicas y privadas) a adoptar comportamientos propios de empresas lucrativas (competencia, eficiencia, búsqueda de rentabilidad, etc.). Esta presión se manifiesta en la investigación (se investiga lo que puede venderse), en la educación (se enseña lo que es demandado por el mercado), la gestión (la eficiencia es el gran parámetro, por encima de la participación, y del rigor y la calidad intelectual en muchos casos), y en su papel social (olvidan los asuntos públicos de los que no pueden tener retorno y centran su papel social básicamente en la transferencia de tecnología a quien pueda pagarla). Como reconoce M. Nussbaum en su libro: Not for profit. Why democracy needs the humanities, generar crecimiento económico no significa mejorar la democracia, ni significa promover una población más educada, comprometida y sana, ni con mayores oportunidades de vivir una buena vida.

La universidad es una institución compleja con una gran diversidad de actividades científicas, culturales e intelectuales cuyo valor social es difícil de medir en toda su amplitud. Pero lo que parece claro es que la Universidad no debería perder de vista su misión (por utilizar palabras de Ortega) si quiere seguir existiendo. Y quizá quienes primero lo deberían recordar son los profesores y gestores universitarios. La pregunta: What are Universities for? Planteada por Stefan Collini (2012) sigue siendo muy pertinente y urgente.

Dr. J. Félix Lozano

Instituto de Gestión de la Innovación y del Conocimiento - INGENIO (CSIC-UPV)

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