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La paradoja de la RSE: no avanzará si la queremos generalizar

 

Aunque no estoy muy convencido, hace tiempo que le doy vueltas a un interrogante que toma la forma de una paradoja, un poco provocativa. La RSE sólo avanzará de verdad si no tiene demasiado éxito. O, dicho con otras palabras, si no se generaliza. He llegado a esta aparente contradicción después de haber escuchado a mucha gente hablando con confianza y con franqueza de cómo se lo plantea en su contexto empresarial.

Ya he dicho otras veces que la RSE se mueve en tres registros: la agenda, el propósito (y la estrategia) y el proyecto compartido. La agenda incluye toda la diversidad de temáticas que se incluyen bajo la etiqueta RSE, cuya lista es imposible de cubrir exhaustivamente: memorias, proveedores, códigos, voluntariado corporativo, conciliación, acción social, y todos los etc. que sean necesarios. El propósito (y la estrategia) se refieren al proceso por el cual la RSE se integra en la estrategia corporativa y contribuye a reformular la razón de ser de la empresa, su contribución y la manera como se replantea su manera de pensar y de proceder. El proyecto compartido trata de cómo la empresa se sitúa en un contexto más amplio, y concibe su actividad también como su contribución, desde sus propias iniciativas empresariales, a dar respuesta a los retos de la sociedad en la que actúa.

En mi opinión no debería haber mayores dificultades en que los diversos (o al menos algunos) temas de la agenda se desarrollaran cada vez más en todas sus dimensiones (desde su mismo planteamiento hasta la rendición de cuentas de cada uno de ellos) . Pero es algo que tiene siempre una dimensión parcial: se trata de actividades que comienzan y terminan en sí mismas. ¡Ojo! y que son muy importantes: cuidado con menospreciarlas. En este punto no dudo de que habrá avances, aunque sea por el simple hecho de que muchos de sus responsables en las empresas son gente competente y comprometida. Y, por lo mismo, es de suponer que las buenas prácticas irán en aumento. Aquí no se da la paradoja a la que me refiero.

La paradoja de la RSE la sitúo en el ámbito del propósito y la estrategia. Todos los debates más o menos depresivos sobre si la RSE avanza o no, y sobre si se toma en serio, se sitúan en este punto. ¿Hasta qué punto la RSE (o la sostenibilidad) es un enfoque asumido por la empresa, configura su estrategia, es un factor de cambio e innovación, se disemina transversalmente, está claramente y creíblemente interiorizada en la alta dirección, dinamiza un proceso de transformación a medio y largo plazo?... Los comentarios más habituales cuando se trata esta cuestión a menudo son entre escépticos y depresivos: no se avanza, hay muy pocas empresas así, muchas no lo toman en serio... Pues bien, mi percepción en estos momentos es justamente que la RSE como tal sólo avanzará de verdad si no tiene demasiado éxito. ¿Qué quiero decir con esto? Que a día de hoy pretender o esperar (o querer impulsar) un gran movimiento hacia la RSE que sea serio y creíble es una pretensión que se agota en sí misma. Porque hoy por hoy las empresas sólo podrán asumir un compromiso global, integrado y transformador con la RSE y la sostenibilidad si esto les permite diferenciarse. En las condiciones actuales sólo tendremos empresas excelentes en clave de RSE y sostenibilidad si no hay muchas que se lo propongan, porque para hacer lo mismo que hace todo el mundo o para que te confundan con cualquier iniciativa cosmética o parcial, no vale la pena hacer determinados esfuerzos. Considero que en estos momentos el desarrollo de la RSE vive bloqueado por la tensión entre excelencia y generalización. Y la credibilidad que se puede esperar y la exigencia de que se puede pedir es muy diferente si nos situamos en un punto u otro de dicha tensión. Por ahora, considero que las dos opciones no son posibles simultáneamente. El potencial de la RSE y la sostenibilidad sólo lo podremos apreciar si hay empresas que apuestan de manera integral, íntegra e integrada por ellas. Y eso hoy sólo será posible si para ellas puede ser un factor de identidad diferenciadora, y no una variable donde sólo hay diferencias de grado con el resto de empresas. Los casos de éxito, por lo tanto, se deberían abordar también en esta clave.

Algo que es muy diferente, insisto, cuando se trata de un cualquier tema de la agenda, que remiten a capacidades y proyectos concretos de los que cada empresa puede valorar su conveniencia, y que tienen autonomía y validez por sí mismos.

Y dejo para otro momento lo que hace referencia al desarrollo de la RSE por la vía del proyecto compartido, porque éste no puede estar ni liderado ni impulsado ni protagonizado por empresas individuales (que es de lo que he hablado aquí) sino por redes, instituciones o partenariados público-privados. Y si hablo ahora de esto me quedaré sin temas...

www.josepmlozano.cat

@JosepMLozano

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