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La Economía del Bien Común: un paso más allá de la RSE

El que cree en el crecimiento infinito en un mundo finito es un loco o un economista 

Serge Latocuhe

La primera generación de la responsabilidad social de la empresa ha demostrado ser ineficiente. Así lo ve Christian Felber, profesor austriaco de Economía, experto en economía sostenible y desarrollador  del modelo de Economía del Bien Común que ayer se presentaba en Valencia.

Para Felber, los criterios con los que tendrá que cumplir necesariamente la responsabilidad social de 2ª generación para contribuir realmente al bien común son: ser holística, medible, comparable, vinculante, auditada externamente, pública y comprensible. Criterios que, bajo su opinión, ahora mismo no se encuentran en el desarrollo de la RSE en ninguno de los países de Europa.

La Economía del Bien Común supone un planteamiento que engloba estos criterios y propone acciones a nivel macro (economía) y a nivel micro (empresa), una economía “que no inventa nada nuevo”, destaca Felber, y que simplemente se plantea cumplir con lo que recogen la mayoría de las constituciones de los países democráticos, pues digámoslo alto y claro “nuestro sistema económico actual es inconstitucional”. Las constituciones son muy claras al respecto. Un ejemplo, la Constitución de Baviera reza textualmente: “toda la actividad económica sirve al bien común”. El problema es que la economía real no lo cumple.

La base de esta propuesta es hacer empresa y economía como nos comportamos en nuestra vida cotidiana, pues para la Economía del Bien Común es un mito arraigado que los seres humanos somos por naturaleza egoístas, irresponsables, desconfiados, avariciosos, etc. Esto no es así. Entonces ¿por qué nos comportamos así en nuestra economía y nuestras empresas? ¿Por qué vamos hacia el lado opuesto de nuestros verdaderos valores?

Asistimos cada día a una contradicción ética, de valores, entre los comportamientos que se viven en la economía libre de mercado y los valores de las relaciones interhumanas diarias. Herederos de ese mito biológico, ante el que parece no se puede hacer nada, seguimos en una huida hacia delante donde el muro queda ya muy cerca de nuestras narices, siguiendo unas reglas del juego legales que rigen el comportamiento económico creadas conscientemente “pero no de forma democrática”, resalta Felber: el afán de lucro y la competencia.

Unos comportamientos que se han instaurado como masivos en el mercado y recompensados por legisladores y orden económico. Ya es hora de exigir a nuestros poderes económicos y políticos que recompensen los mismos valores que permiten florecer nuestras relaciones humanas: la honestidad, el aprecio, la confianza, la responsabilidad, la solidaridad, el compartir y la empatía. Si preguntamos si la gente querría recompensar el egoísmo, la envidia, la desconsideración, la desconfianza, la avaricia, la irresponsabilidad la respuesta parece evidente. Sin embargo, son los valores que se fomentan desde las reglas del juego establecidas en la economía.

Y sí, exigir, porque el victimismo no cabe en esta propuesta de participación ciudadana “si los ciudadanos/consumidores exigimos a nuestros legisladores que premien estos comportamientos y exigimos a nuestras empresas su balance de bien común, no tendrán más remedio que hacerlo”. El cambio, desengañémonos, no vendrá “del más allá”, el cambio lo protagonizamos los ciudadanos, “la potente y poderosa sociedad anónima”.

De este modo, la propuesta de la Economía del Bien Común es sustituir como “estrella guía” estos valores actuales y que sean los valores que orientan nuestras vidas los que orienten nuestra economía y quehacer empresarial. “Es una contradicción desastrosa e innecesaria la que estamos viviendo”, destaca Felber, desastrosa es obvio, porque no nos lleva a la felicidad de las personas ni a la satisfacción de sus necesidades, e innecesaria “porque podemos hacerlo de otra forma, tenemos opciones de comportarnos de otra forma”.

Cuanto más conoces esta propuesta más obvio te parece que, como resalta su promotor, no es nada nuevo, es de sentido común, pero muchas veces, como sabemos, el menos común de los sentidos.

¿Cómo hacerlo? Básicamente la propuesta se resume en intercambiar estas dos reglas del juego por otras dos: la contribución al bien común y la cooperación. E incentivar  a quienes se rijan por estos valores. Los productos de Comercio Justo, Ecológico, de proximidad, no son más caros que los que consideramos “normales”. Desengañémonos de una vez, y exijamos que las cosas valgan lo que verdaderamente nos “cuestan”, el impacto que generan. Si el foco se pusiera en estos productos no valdrían más que el resto de productos, y ante dos productos de similar precio, y convenientemente identificados con su aportación al bien común, ¿El consumidor escogería el más dañino para la sociedad y el entorno en su conjunto?

Este es, a mi modo de ver, uno de los puntos más fuertes y más interesantes de esta propuesta, la identificación en los propios productos mediante una etiqueta el nivel de aporte al bien común de la empresa según su balance. De nuevo, nada nuevo, pero con un potencial enorme dentro de todo el sistema propuesto, una transparencia que favorecería un verdadero consumo responsable.

El siguiente paso es redefinir la noción de éxito. El PIB en el nivel macro y el beneficio financiero en el micro son hoy indicadores del éxito, casi los únicos indicadores del mismo, pero ¿cuál es el fin originario de la economía y la empresa? ¿el dinero o la satisfacción de necesidades, y ¿por qué no lo mide la economía? ¿por qué medimos el medio y no el fin? “Podemos medir el éxito de una granja contando las herramientas y tractores que hay en el garaje?”, ejemplifica Felber.

Un modelo apasionante, en pleno desarrollo, y que a juzgar por el lleno total de la sala ayer, donde cientos de personas, muchas de ellas de pie, escuchaban atentamente al invitado de excepción, un modelo que tiene mucho que decir y está por desarrollar. Daría para mucho más que un breve artículo…pero lo bueno si breve, dos veces bueno, así que os invito a conocer el modelo, la red española http://www.economia-del-bien-comun.org/, el libro que en breve saldrá en Español, y a sumaros a la red. Yo ya lo he hecho. Puedes suscribir la iniciativa, o sumarte a los 500 expertos que ya están trabajando en la matriz para el balance de Bien Común para empresas, o sumarte a las 100 empresas pioneras que en 2011 presentaron su balance del Bien Común. Que por mí no sea!

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Comentario por Carmen Martí el abril 17, 2012 a las 9:20am

Hola José Ángel! Precisamente esa es una de sus fortalezas: que no plantea nada nuevo. Felber lo resalta continuamente. Recoge lo dicho en la mayoría de constituciones de países democráticos, y pretende ponerlo en práctica. Esa es la parte que siempre falla, mucha teoría y poca concreción práctica. La Economía del Bien Común es una alternativa real, y de las más completas que he visto. Y a pesar de que es muy reciente, ya la están probando con un grupo de empresas. Yo seguiré muy de cerca sus avances y puedes unirte al equipo de expertos a través de su web en España para seguir mejorando la matriz. Un abrazo,

Comentario por José Ángel Moreno Izquierdo el abril 10, 2012 a las 11:28am

Estupendo resumen, Carmen, aunque no sé si la Economía del Bien Común de Felber supone una aportación muy original. Más bien tiendo a pensar que recoge ideas de varias procedencias (economía ecológica, teoría del decrecimiento, movimiento de la RSE...), pero las mezcla muy bien en un planteamiento integral. Suscribo todo: particularmente lo que plantea en torno a los comportamientos empresariales, y muy especialmente en torno a la importancia de delimitar una nueva concepción del éxito empresarial y a la necesidad de que la sociedad impulse formas de actuación socialmente responsables y políticas públicas que las incentiven. Son aspectos que vienen reclamando desde largo tiempo atrás muchos partidarios de la RSE avanzada. Pero bienvenidas sean nuevas aproximaciones que fortalezcan estas ideas. 

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