Comunidad ÉTNOR

Foro de debate sobre ética y responsabilidad social en empresas y organizaciones

¿Sanidad pública, sanidad privada? Buenas prácticas empresariales

Con motivo de nuestro próximo seminario la semana próxima  "El futuro del sistema sanitario público y privado", a cargo de Javier Rey, Secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida del Ministerio de Sanidad, queremos conocer vuestras experiencias positivas y negativas en ambos modelos, el de la sanidad pública y privada, y vuestros razonamientos acerca de las ventajas y desventajas de cada uno.

Aprovechemos que tenemos varios profesionales de la sanidad en el foro y personas de diferentes nacionalidades para generar un rico debate.

Saludos, 

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Respuestas a esta discusión

Aunque llevo trabajando en la asistencia sanitaria 40 años (cuatro en la privada y 36 en la pública) sigo quedándome perplejo ante algunas cuestiones que se refieren a salud, sanidad, enfermedad, gestión sanitaria, empresa sanitaria y otros términos de la misma constelación semántica.

Entiendo

-Que la SALUD es un estado de bienestar psicofísico y social (bien de satisfacción individual aunque de potencial repercusión social)

-Que la SANIDAD es el conjunto de recursos, personal e instalaciones que el Estado pone al servicio del logro y preservación de ese bien SALUD

-Que la EMPRESA SANITARIA es la concurrencia de distintos elementos que buscan la mejor forma de gestionar la SANIDAD y que, en la medida que sea privada, incluye un incentivo ajeno a la salud que es el beneficio económico.

La salud es un producto final de disfrute privado (evidentemente no es un producto cualquiera) y se presupone que Una sociedad con sus individuos sanos tiene más posibilidades de ser productiva, estable y feliz.

Me resulta paradójico que se plantee esta cuestión como consecuencia de la quiebra (no soy economista por lo que pido excusas si no fuera el término apropiado)  económica del Estado, que es justamente cuando nadie que busque beneficio económico debería estar interesado. A no ser que esa diatriba derive de que el Estado quiera renunciar (o no se vea capaz) de gestionar los recursos, instalaciones y personal para la SANIDAD.

¿Alguien podría explicarme esa paradoja?

 

Muy de acuerdo con lo que dices Rafael. Tenemos la suerte de contar por adelantado con la opinión de Javier Rey, que creo que bien responde a este debate planteado en la entrevista que nos ha concedido: http://comunidadetnor.ning.com/profiles/blogs/javier-rey-la-protecc...

Creo firmemente en la sanidad pública, creo que es una forma de homogeneizas las oportunidades de todos los ciudadanos. No es justo que unos tengan una mejor respuesta sanitaria que otros, solo porque pueden permitírselo económicamente. Pero lo cierto es que el modelo de sanidad pública genera unos retrasos terribles, y yo mismo utilizo la sanidad privada por lo imposible, o ridiculamente tarde, que tienes la respuesta.

Esto requiere un ejercicio de optimizar la sanidad público, midiendo el rendimiento, y haciéndola competitiva, porque ahora compite con la sanidad privada. No cabe que hayan personas que no estén rindiendo al 100%, no cabe que se haga un mal uso de los recursos de todos,...

Estoy completamente de acuerdo, Quique. Por desgracia se está resintiendo tanto que a veces hay que acudir a la privada, teniendo una sanidad pública buenísima. Pero esto tiene que ser la excepción, tenemos que seguir luchando por una sanidad pública de calidad y para todos con equidad. Me niego a repetir lo de "gratuita", porque gratuita no es. Es pública, y nos cuesta mucho dinero, o más que dinero, "inversión", inversión en una sociedad plural, justa y cohesionada. El jueves creo que aprenderemos y disfrutaremos mucho con Javier Rey. Nos ha dejado como anticipo una entrevista estupenda en este mismo foro. No sobra ni una coma! Un abrazo,

Que el estado gestione los recursos sanitarios lleva implícito que debería gestionarlos adecuadamente, con eficiencia, y teniendo presente, ellos y nosotros, que en todo momento estamos hablando de recursos limitados. El sistema sanitario público debe ser gestionado para cubrir las necesidades de la población con calidad, pero estamos ante una gestión en principio de mínimos, a partir de la cual, a medida que mejora la gestión y/o los recursos, dichos mínimos van elevando su cota. Sería ideal que ante cualquier mínima torcedura en cualquier centro médico se nos pudiese hacer un diagnóstico mediante tomografía de positrones, pero ni es factible (ni lo será) ni es una gestión de mínimos asumible por ningún gobierno, ni el nuestro ni el de Finlandia, en el que la imposición tributaria es mucho mayor.

La sanidad privada puede tener su espacio sin ningún problema como un proveedor de máximos, como proveedor de mínimos "menos mínimos", e incluso como horizonte que sirva a la sanidad pública para redoblar sus esfuerzos, ya que no hay ninguna razón por la que la sanidad pública no debiera ser competitiva en el sentido de la gestión. Del mismo modo una integración en la gestión tampoco es desdeñable si repercute en mayor eficiencia en tanto en cuanto el modo en que se logre dicha eficiencia esté dentro de un marco ético aceptable (no solo es lograr eficiencia, sino ver cómo se logra, lo que por otro lado también es aplicable a lo que podríamos llamar las instituciones plenamente privadas).

Ambos sistemas sanitarios, público y privado, así como una cierta integración entre ambos (lo que es un hecho desde hace años en toda España y en regiones con gobiernos de toda casta) deberán coexistir por necesidad, y con suerte y esperanza aprender uno del otro (en ambos sentidos) de modo que la gestión sea la adecuada para nuestra sociedad, necesariamente inmersa en una situación de globalidad que cada día le impone nuevas cuestiones sanitarias a las que se debe atender con la rapidez que requiere un asunto tan delicado como la sanidad pública.

Un saludo.

Hubo, hasta hace unos años una provisión de servicios sanitarios complementarios a los "públicos". Me refiero a lo que se llamaban "Empresas Colaboradoras de la Seguridad Social". Se trataba de Empresas que organizaban los recursos sanitarios para sus trabajadores (y asimilados) cuyas prestaciones mínimas eran las establecidas por el Régimen General de Seguridad Social, a las que se añadían otras no contempladas allí. La definición de "máximos y mínimos" y el acceso "justo" a las prestaciones así definidas se trasforma en el elemento clave, no tanto en la producción eficiente de un servicio, como en el otro aspecto de la Sanidad: la redistribución de bienes sociales, basada en la necesidad y no en el mérito.

De acuerdo en lo fundamental, pero si se desvincula esa redistribución de los bienes sociales de la eficiencia del servicio (eficiencia entendida como alcanzar máximos resultados con un coste determinado) el resultado a medio-largo plazo puede derivar en que se deje de prestar el servicio. La sanidad pública tiene unas limitaciones que vienen dadas por los recursos de que dispone, recursos que no solo deben emplearse para sanidad. No contar con un horizonte de eficiencia puede llevar precisamente a redefiniciones no deseables y a la baja de esos "máximos y mínimos".

¿Y que opináis sobre esta noticia?

"Cameron pide perdón por el mayor escándalo sanitario en Reino Unido"

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/02/06/actualidad/136017865...

¿Tendremos que oír, desgraciadamente, que ocurra algo parecido en España?

He aquí una prueba palpable de lo que supone caer en uno de los extremos. Como ya nos adelantó Aristóteles hace unos 2500 años la virtud se encuentra cercana al medio entre los extremos, aunque tendente hacia uno de ellos. Si olvidamos los fines que dan sentido a la asistencia sanitaria y nos preocupamos únicamente de la eficiencia, el resultado puede ser como el del artículo de referencia (si bien estaremos todos de acuerdo en que ese artículo no habla de buenos gestores, ya que no se puede ser buen gestor de nada si olvidas/no reconoces su sentido). Por otro lado si olvidamos la eficiencia y no sabemos ponderar lo que pueden ser máximos/mínimos, en definitiva y por mal que suene los que nos podemos permitir, el resultado final puede ser el final de la prestación de servicios... ni buenos ni malos, sencillamente servicios no prestados. Por ello un buen gestor deberá atender a ambos parámetros desde un justo medio y, precisamente como gestor, deberá desplazar dicho medio hacia uno u otro extremo atendiendo a las circunstancias concretas a las que se deba enfrentar en cada situación. De cómo lo haga resultará el juicio de su gestión, que ni debe olvidar que la eficiencia no es deseable sino necesaria para poder seguir prestando servicios, ni debe olvidar que ese servicio prestado tiene un sentido que no debe ser abandonado.

Respondiendo más concretamente a la pregunta, pudiera ser que oigamos algo así, pero no será porque sea mejor una sanidad pública que una privada, sino porque la inspección de las actividades no haya sido la debida y, primeramente y ante todo, caso de que se dé, porque la selección de los gestores haya sido incorrecta.

El problema no estriba en tener un tipo u otro de sanidad, aun cuando por cuestiones locales o de cómo entiende cada uno el modo en que debe organizarse la sociedad se pueda ser más o menos tendente a ciertos modelos, sino en poner al frente de servicios como la asistencia sanitaria (y al frente de todos y cada uno de los centros donde se desarrolla la actividad) a gestores adecuados, lo que de suyo implica en virtud de las tareas a desarrollar que ni solo pueden ser economistas (por hablar de una actividad relacionada con la gestión) ni solo pueden ser médicos.

¿Cómo evitar algo parecido a lo de la noticia de referencia? Podría decir que seleccionando buenos gestores, pero no creo que esa sea la respuesta debida ni la más adecuada. La solución para minimizar las posibilidades de que acontezcan hechos tan terribles es formar buenos gestores entre los profesionales sanitarios y seleccionar entre estos a los mejores. A partir de ahí, estando en buenas manos habremos conseguido que no se pierda el sentido de la actividad que nos ocupa, y poco nos importará que quienes nos atiendan sean funcionarios, personal laboral o miembros de una subcontrata del sector.

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