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Los principios de la Cordialidad pública. El principio etimológico. Su relación con la verdad y la justicia.

     El filósofo, como decía Platón, es amigo de la razón y del argumento, pero necesita también ser amigo de las palabras, que son el instrumento para pensar y para dialogar.

     Para José L. López Aranguren el principio etimológico es también una fuente de conocimiento, tal como afirma al inicio del capítulo II de su Ética:

     “Las viejas investigaciones sobre las ciencias, sobre cualquier ciencia, comenzaban siempre con una explicación etimológica. Pero esta explicación, sobre ser muy somera, nunca pretendía tener la menor importancia”.

     Efectivamente, la palabra original es una manera de acercarse a la verdad fuera de toda duda. La filología siempre ha sido un buen punto de apoyo para iniciar una investigación por contener matices que pueden pasar desapercibidos en la realidad.

     La palabra Cordialidad está formada por raíces latinas y significa “cualidad relativa al corazón, afecto”. Sus componentes léxicos son cor-cordis, corazón, -al, sufijo que indica relativo a, y –dad que significa cualidad.

      Al llegar a este punto ya podemos afirmar la importancia del corazón al tratar el tema que nos ocupa. La auténtica Cordialidad es inseparable del corazón, filosóficamente entendido. El corazón es fuente de verdad con la razón.
      Así lo entiende la filosofía a partir de la obra de Adela Cortina Etica de la razón cordial. Educar en la ciudadanía en el siglo XXI, un ensayo particularmente bello, Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2007, en el que la autora resume su pensamiento y ahonda en la doble dimensión humana, razón y corazón, que como un todo trabajan sin descanso y sin escatimar esfuerzo para conocer la verdad, el objeto más preciado de la filosofía junto a la justicia.
     Para Adela Cortina el corazón es afecto, pero también es inteligencia, talento, espíritu y estómago (hay que tenerlo, y mucho, para ser justo). De ahí que haya que cultivar la virtud de la cordura, "un injerto de la prudencia en el corazón de la justicia" para educar en la ciudadanía cordial. Retomaré la teoría filosófica de la razón cordial en el capítulo siguiente.
     Es importante detenerse aquí porque se ha introducido una palabra que ilumina la Cordialidad de una manera especial y brillante: "cordura". La Cordialidad pública no es poner sonrisas, es practicar la cordura. Y qué mejor manera de practicar la cordura que imitar el ejemplo de aquellos que consideramos cuerdos, sensatos y rectos en su proceder.
     La Ejemplaridad pública de Javier Gomá y la Etica de la razón cordial de Adela Cortina casan perfectamente con el ideal de la Cordialidad pública. Etica, filosofía política y política son inseparables si queremos edificar unos sólidos cimientos sociales, que amurallen una sociedad democrática y plural.

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