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Foro de debate sobre ética y responsabilidad social en empresas y organizaciones

Un estupendo manual: Antonio Vives y Estrella
Peinado-Vara, coordinadores, La
responsabilidad social de la empresa en América Latina

 

No se asusten: estamos ante un manual de RSE. Un manual, además, de considerable dimensión (463 apretadas páginas). Pero, contra lo quees habitual, no se trata de un mamotreto aburrido ni indigesto. Está muy bien escrito, es ágil, de lectura fácil, de manifiesta utilidad y, como se debe
pedir a todo manual que se precie, con una decidida vocación didáctica. Y, por
si fuera poco, tiene un planteamiento claramente diferencial frente a los
manuales al uso en esta materia.

 

Se trata de una obra colectiva, editada muy recientemente (mayo de 2011) por el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y coordinada por dos personas de
larga trayectoria en estos temas: el maestro Antonio Vives, uno de los grandes de la RSE de América Latina (entre otras muchas cosas, Director de la consultora Cumpetere, profesor en la Universidad de Stanford y ex gerente del Departamento de Desarrollo Sostenible del BID, desde donde impulsó las conferencias interamericanas de RSE, sin duda el evento más importante de esta materia en el mundo hispano-latinoamericano), y la española Estrella Peinado-Vara (especialista del FOMIN y antigua ayudante de Antonio en el BID). Ambos, además, se encargan de varios capítulos del libro, en el que intervienen  (cada uno también con varios capítulos) algunos de los mejores expertos en RSE de América Latina (académicos, gestores, consultores…) y que aquí sólo puedo nombrar: Baltazar Caravedo, Lourdes Casanova, María Emilia Correa, Elsa del Castillo, Rafael Estévez, Mercedes Korin, Laura González, Roberto Gutiérrez, Francisco A. Leguizamón, Jorge Nowalski, Luis R. Perera y María Matilde Schwalb.

 

Todos componen un libro que, algo también inusual, no es una simple suma de artículos desconectados, sino una verdadera obra colectiva, bien orquestada, consistente, coherente, con aportaciones perfectamente funcionales para la finalidad común: ofrecer un panorama integrado de la RSE adecuado a las necesidades de la gestión empresarial en América Latina (pero absolutamente útil también en otras latitudes, y desde luego en España). Un manual claramente orientado a la práctica empresarial y que, como explicitan los coordinadores,  pretende cubrir el considerable vacío existente en la literatura sobre RSE en castellano (y más específicamente en América Latina).


El libro, además, y como antes apuntaba, se estructura de forma muy diferente a la habitual en este tipo de manuales: no según los diferentes ámbitos de la RSE (de las diferentes áreas empresariales en que es
prioritario incorporar la RSE), sino en función de tres preguntas básicas, en torno a las que se vertebra el contenido esencial de la obra: qué es la RSE, por qué se preocupa la empresa por ella y cómo tiene que gestionarla. Cuestiones que el libro  complementa con un bloque adicional sobre aspectos específicos de la RSE (las pymes, las empresas públicas, el papel público del sector privado, los tratados de libre comercio, las estrategias empresariales en países en desarrollo y las grandes corporaciones latinoamericanas) y con un capítulo final en el que los coordinadores esbozan una  síntesis final que es al tiempo una línea de orientación hacia el futuro (“Promoción y adopción de prácticas responsables”).  Un formato muy original, que es la fuente de las mayores ventajas comparativas del libro (porque le dota de una notable fuerza argumental), pero quizás también de sus principales carencias, en cuanto que no aborda suficientemente algunos aspectos clásicos de la RSE.  Algo que no debe verse como un demérito, porque  no es ésta una preocupación central de una obra que no pretende en modo alguno ser un compendio exhaustivo de todas las facetas de la RSE.


Antes bien,  la preocupación básica de los autores va por otros derroteros, entre los que yo
destacaría las siguientes consideraciones:

  1. La aspiración de una empresa  a la responsabilidad social se basa siempre  en un inevitable elemento de tensión: la búsqueda de un equilibrio razonable entre el beneficio privado y el bien común. Un equilibrio en el que la primera responsabilidad de la empresa es la sostenibilidad económica: no tiene sentido pensar que la RSE la puede poner en peligro. Al contrario, sólo tiene sentido empresarial en la medida en que la protege y fortalece. Algo, claro está, que no tiene por qué coincidir con la maximización de los beneficios a corto plazo: “que no deberían ser el fin único de la empresa y menos en la forma cómo se miden”. Una perspectiva ciertamente ya muy admitida, pero que conduce  a Antonio Vives a una definición de valor de la empresa de enorme interés conceptual: “el valor presente neto de todos los costos y beneficios, en el corto y en el largo plazo,… sean o no traducibles en valores monetarios y tomando en cuenta los riesgos que corre la empresa a través de sus prácticas, responsables e irresponsables”. Una definición muy próxima a la exigencia, que muchos compartimos, de que el valor de la empresa incluya el valor de todas las externalidades que genera y no se asimile reductoramente al valor que aporta a un úni colectivo (los propietarios), sino al balance neto de todos los excedentes que posibilita a todos sus grupos de interés.   
  2. Pero ese vínculo entre sostenibilidad económica y socio-ambiental no es una relación sencilla: responde siempre a una compleja serie de razones, que se retroalimentan (presiones de la sociedad y del Estado, gestión de los riesgos, fortalecimiento de la reputación, impulso de la competitividad y de la capacidad de generación de valor…).
  3.  Por ello, la RSE no es ni puede ser un recetario de aplicación universal, válido para todo tipo de empresas y todo tipo de circunstancias. Como el propio Vives recuerda, parodiando a Ortega, la RSE es ella y “su circunstancia”. Depende poderosamente de cómo son en cada caso concreto  la sociedad, el mercado y los poderes públicos, y no sólo de la voluntad (y de la ética) de los empresarios. La RSE calará en la empresa en la medida en que la sociedad la exija (y tenga capacidad y estructura para hacerlo), el mercado la valore y los poderes públicos la impulsen (fomentando las buenas prácticas y penalizando las malas: porque el muy imperfecto mercado real no basta para impulsar por sí solo lo que -como la RSE- puede ser muy conveniente a medio y largo plazo, pero a veces no tanto a corto). Y en la medida, además, en que cada empresa tenga la lucidez suficiente para ser consciente de la capacidad de generación de valor que la RSE tiene y sepa además -no lo olvidemos- gestionarla adecuadamente para conseguirlo: algo, a su vez, en lo que influyen intensamente de nuevo los factores anteriores.

Por eso, mantra central de la obra, la promoción de la RSE exige actuar en múltiples frentes, y no sólo en las empresas. Sólo arraigará en la medida en que la quieran impulsar de verdad todas las partes interesadas; lo
que en libro se denominan “los impulsores” (y que se analizan con detenimiento en el bloque segundo): muy especialmente, consumidores, sociedad civil, organismos públicos nacionales e internacionales, grandes compradores, inversores, entidades financieras y medios de comunicación. Actores todos que pueden ser
determinantes en la presión que reciben las empresas, pero que son determinantes también en el grado en el que la RSE puede resultar económicamente positiva para la empresa: porque, como muy oportunamente reitera Antonio Vives en varios momentos del libro, “la transmisión de prácticas responsables en ventajas competitivas no es automática. Depende de la reacción de las partes interesadas”.

 

Argumentar con solidez (y muchas veces con brillantez) esta convicción, en los detalles de cada aspecto que cada capítulo aborda, es -en opinión de quien esto escribe- posiblemente la mayor aportación del libro. Y
por eso su mejor síntesis  la constituyen las palabras finales de los dos coordinadores: “No podemos pedir a las empresas que sean responsables sin reclamar al resto de los actores que llevan a cabo acciones individuales como ciudadanos, como consumidores, como empleados, como inversores o como funcionarios que también sean social y ambientalmente responsables. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad y nuestro granito de arena (o montaña) que aportar en esto. La responsabilidad de la empresa es responsabilidad de todos”.

 

Por supuesto, los 23 capítulos y las 463 páginas de este espléndido libro dan mucho más de sí. Pero para apreciarlo no cabe consejo mejor que la encarecida recomendación de que lo lean.


Pueden solicitarse ejemplares al Fondo Multilateral de Inversiones del BID, en las direcciones mifcontact@iadb.org o  en el sitio www.fomin.org, así como a Cumpetere, en el sitio www.cumpetere.com 

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