Comunidad ÉTNOR

Foro de debate sobre ética y responsabilidad social en empresas y organizaciones

Paisaje después de una década

José Ángel Moreno Izquierdo (Economistas sin Fronteras)*

Artículo publicado en Diario Responsable

 

Cuando acabamos apenas de sortear el quicio final de un desquiciante 2010,  la filosofía de la responsabilidad social empresarial (RSE) cumple casi una década de aplicación sistemática en muchas empresas de nuestro país. Y unos pocos años más en los países más adelantados en este terreno (que son los más desarrollados). Un tiempo que debería ser suficiente para que los resultados, inevitablemente lentos y paulatinos, empezaran a dejarse notar de una manera ya suficientemente perceptible. En todo caso, un tiempo apropiado para hacer balance.

¿Cuál es el saldo de este balance? No es fácil concretarlo. Sin duda, se han producido muchos avances. Avances quizás que muchos no sospecharían diez años antes: estructuras organizativas ya muy consolidadas en muchas empresas, formalización de políticas, códigos de gobierno y de conducta, informes de RSE y procedimientos de verificación, sistemas de diálogo con grupos de interés, desarrollo de políticas más avanzadas de acción social, incluso progresivo (aunque todavía epidérmico) contagio de la RSE en todos los ámbitos de la actividad…

¿Deberíamos entonces los partidarios de la RSE sentirnos satisfechos? ¿Optimistas, al menos,  ante las perspectivas de un futuro crecientemente halagüeño para estas ideas? Es posible: yo, ciertamente,  no lo rechazo, pero tampoco acabo de estar completamente seguro. Es verdad que hay motivos para pensar que bastante se ha mejorado, pero quizás haya muchos más para pensar lo contrario. En todo caso, creo que no está demás contemplar la década pasada con una -siempre necesaria- perspectiva crítica: una perspectiva que es también autocrítica respecto de lo que muchos hemos venido defendiendo y en lo que hemos venido creyendo, a veces, quizás, demasiado ingenua o complacientemente.

Por una parte, y pese a todas las excepciones que puedan hacerse, la RSE no acaba de superar una limitación decisiva: sigue sin llegar de forma significativa a las pymes, que constituyen la inmensa mayoría del tejido empresarial. La cuestión de la RSE es todavía una cuestión marcadamente minoritaria y acentuadamente focalizada en la gran empresa.

Pero incluso en este ámbito no deja de ser algo todavía periférico: aún en el colectivo mucho más restringido de las grandes empresas aparentemente preocupadas por la RSE, el balance dista de ser nítidamente positivo para quien lo contemple con una sana mirada objetiva. ¿O es que, pensando a calzón quitado, nos sentimos capaces de afirmar sinceramente que, tras una década de esfuerzos, la gran empresa es, de verdad, más responsable?; ¿es que ha cambiado realmente sus criterios y pautas de comportamiento?; ¿es que ha integrado con autenticidad la responsabilidad social en su estrategia, en sus sistemas de gobierno, en sus modelos de negocio, en sus políticas de relaciones laborales, en su transparencia y en su sensibilidad hacia los intereses de todos aquellos a quienes, directa o indirectamente, su actividad afecta?; ¿es que contempla con franqueza  la RSE como un ineludible criterio de calidad integral imprescindible para la mejora de la competitividad?

Lo que la realidad nos sigue evidenciando con terca tozudez en no pocos casos  es que la RSE sigue siendo para muchas empresas una cuestión, en el fondo, básicamente de imagen y de reputación. Una cuestión a la que, ciertamente, bastantes empresas dedican ya presupuestos y esfuerzos considerables, para la que implementan políticas crecientemente sofisticadas y en la que se comprometen con todo tipo de acuerdos. Pero muy frecuentemente sin sobrepasar la esfera de lo simplemente formal, con una empalagosa instrumentalización y limitando en la práctica la actuación a ámbitos relativamente marginales de la gestión.

Y lo que es peor: políticas y compromisos  que, en demasiadas ocasiones (repetimos: no siempre), se establecen y de los que se presume al tiempo que  se sigue manteniendo  una perspectiva esencialmente cortoplacista, se siguen minusvalorando los problemas que la actividad genera en el entorno, se siguen despreciando (o tratando de trasladar al conjunto del sistema) buena parte de los riesgos potenciales y se sigue supeditando el interés de todo grupo de interés a la persecución del beneficio puro y duro. El año que acaba de finalizar nos deja, en este sentido, jugosos ejemplos: desde los comportamientos de algunas de las entidades financieras más responsables de la crisis hasta el desastre de BP en el Golfo de México.  

Sin duda, se pueden (y se deben) hacer muchas excepciones, pero mucho me temo que la oscura realidad apuntada no es una simple distorsión provocada por un pesimismo exagerado. Es el paisaje después de una batalla en el que -como en la  desasosegante novela de Juan Goytisolo cuyo título parodia el de este modesto artículo- domina sobre todo una gran contradicción: la RSE parece -tanto en el campo académico como en el empresarial- cada día más claramente vencedora; pero pocas veces como en el final de la década pasada hemos podido ser testigos de mayor irresponsabilidad en la gestión empresarial (incluso entre empresas que hacían pública -y bien publicitada- fe de responsabilidad social).  

No es posible, en este sentido, olvidar el trasfondo general del tiempo en que vivimos y la durísima enseñanza de la crisis en la que permanecemos encenagados. Una crisis  que marca nuestra experiencia vital y que obliga a repensar radicalmente muchas ideas (y desde luego, en el campo de la RSE). Una crisis generada y extendida en buena medida por grandes empresas (algunas, con elegantes políticas y sistemas de gestión y espléndidas evaluaciones de RSE), agravada por los recursos públicos que ha sido necesario destinar para evitar el hundimiento de esas grandes empresas y agudizada hasta lo impensable por las actuaciones que muchas de esas mismas empresas han venido manteniendo después.

No es posible, así mismo, olvidar que, tal como la crisis ha mostrado (una vez más), muchos de los aspectos valorados para calibrar la responsabilidad social de las empresas no son más que elementos (¿ornamentos?) complementarios de importancia secundaria, que pueden ser perfectamente asumidos en medio de comportamientos de una flagrante irresponsabilidad social.

No es posible, igualmente, olvidar la responsabilidad de las grandes empresas en el modelo socio-económico que, con carácter general, se está arbitrando como presunta solución frente a la crisis: ¿o es que no tienen estas poderosas entidades ninguna influencia en la creciente desigualdad que se está generando en las economías occidentales -y claramente también en la española- y en la distribución de esfuerzos necesarios para costear una crisis provocada por unos (muy pocos), pero pagada (muy duramente) por la inmensa mayoría?

Como tampoco es posible, finalmente, olvidar que -como muchos expertos vienen sosteniendo- la RSE no es independiente de las tendencias generales de la política económica: y que la irrefrenable tendencia a la desregulación (pese a las promesas iniciales tras el desencadenamiento de la crisis) y el consiguiente fomento del cortoplacismo genera barreras y limitaciones poderosas para el progreso de la RSE (cuando no incentivos difícilmente rechazables a la irresponsabilidad). 

Es un contexto en el que a algunos se nos hace crecientemente difícil resaltar sin más los indudables avances en la RSE: porque, aún reconociéndolos, la irresponsabilidad dominante pesa cada vez más; y porque sería también irresponsable no recordar permanentemente las penalidades que algunas empresas han provocado a tanta gente inocente.

Un contexto, por eso,  en el que no puede extrañar que vuelvan a tomar fuerza las voces que reclaman  que el único remedio eficaz frente a ese tipo de comportamientos radica en una agenda pública de impulso de la RSE mucho más activa y compulsiva y en una regulación y una supervisión consiguientemente mucho más estrictas. Una reclamación que, ante la evidencia de los hechos,  quien esto escribe no puede dejar de compartir. Y no sólo en cuanto a la conveniencia de iniciativas de fomento público de la RSE, sino también en cuanto a la necesidad inevitable de medidas regulatorias para evitar o penalizar comportamientos empresariales gravemente nocivos para la sociedad. Es decir,  para reducir significativamente el margen de libertad de la gran empresa de forma que no pueda seguir  imponiendo tan impune e irresponsablemente sus objetivos.

Nada nuevo en el fondo: es la idea que nutrió el movimiento inicial por la RSE. Es también la conclusión a la que, tras no pocos rodeos, está llegando un número creciente de expertos: el convencimiento de que, por encima del eterno debate bizantino sobre la voluntariedad de la RSE, es la regulación el factor que más la impulsa en la práctica.  

Algo que debería quizás  invitar a repensar el terreno del necesario debate de la RSE. No tanto para enredarse en un creciente barroquismo (tan querido de los que buscan medrar al calor de su complejidad),  cuanto, simplemente, para regular con mucha mayor firmeza y claridad unos pocos aspectos esenciales: por ejemplo, la forma como se gobiernan, operan e informan las empresas.

Cómo se gobiernan: porque la empresa sólo integrará realmente los intereses de sus grupos de interés en su estrategia (y en eso consiste la RSE) cuando éstos se integren consistentemente en su sistema de gobierno. Sólo la empresa que asuma esta (paulatina) inclusión, dejando de estar imperialmente regida por algunos accionistas y por la máxima dirección, estará en condiciones de poder ser una empresa socialmente responsable. Y no es -como muchos defienden- el objetivo último e idílico al que se aspira en el horizonte -nunca alcanzable- del camino, sino un prerrequisito previo e imprescindible para la responsabilización.

Cómo operan: porque muchas implicaciones sociales no reguladas de la forma en que producen y comercian las empresas no pueden ser dejadas al albur de la voluntariedad empresarial. Muy especialmente, todo lo que se refiere a la generalización absoluta de condiciones laborales dignas y  al cumplimiento riguroso de los derechos humanos básicos. Exigencias incondicionales que deben extenderse en las grandes empresas a toda la cadena de valor y a la operativa en países en los que la legislación es insuficiente o, aunque exista, no se cumple. Algo que, como vienen reclamando muchas organizaciones cívicas desde largo tiempo atrás, sólo puede ser corregible con una regulación obligatoria de carácter internacional impulsada por Naciones Unidas y que todos los Estados de origen de las empresas tengan la obligatoriedad de imponer a sus empresas donde quiera que operen.

Cómo informan: porque, por encima de la polémica sobre la posible obligatoriedad de los informes de RSE para determinados tipos de empresas (que, desde luego, defiendo), lo que verdaderamente importa es que las empresas no distorsionen ni oculten información significativa en los documentos que -obligatoria o voluntariamente- generen. Algo que exigiría extender criterios similares a los aplicados a la información financiera a toda la información adicional (y también a la de RSE) que publique institucionalmente la empresa. Es decir: criterios mínimos de información (que necesariamente deben respetarse de forma que la información sea evaluable de forma objetiva),  auditoría externa obligada (pero auditoría real, no las amables verificaciones habituales en los informes de RSE) según criterios públicos y penalización legal en caso de descubrirse que la empresa ha manipulado u ocultado información relevante. Sólo así, de paso, podría superarse el estomagante tono publicitario y la muy baja calidad de tantos informes de RSE.

Creo que no somos pocos los que  desearíamos que ese imprescindible (e inevitable) debate público sobre la RSE no dejara de lado este tipo de preocupaciones. Pero no deberíamos olvidar que  eso es algo que dependerá decisivamente del interés (y de la corresponsabilidad) de la sociedad por tener empresas mejores y más responsables: es decir de la fuerza de los contrapoderes (viejos y nuevos)  que, frente al poder empresarial, sepa construir la sociedad.   Si la RSE consiste en esencia en la respuesta equilibrada que la empresa ofrece a las demandas de sus diferentes grupos de interés, sus avances dependerán inevitablemente de que esos grupos de interés se doten de la capacidad de presión necesaria para equilibrar la posición con que la empresa negocia con cada uno de ellos. Sólo así, como ha demostrado abrumadoramente la mejor teoría económica, se puede reducir el grado de dominación en el mercado y el nivel de imperfección de la competencia: algo que tiene mucho que ver con la RSE.  Por eso, cada día que pasa comparto con más firmeza el convencimiento de que una de las medidas públicas más eficaces para intensificar y extender la RSE es fortalecer el tejido cívico de la sociedad.

Regulación y contrapoderes: nada nuevo, decíamos; una muy vieja canción. Una canción, sin embargo, que no es de otro tiempo: que recuerda el carácter eminente e inevitablemente político y social de la RSE. Es la poco original y un tanto escéptica lección que a algunos nos queda  de una década de la que se esperaba mucho, y en la que probablemente no poco se ha avanzado, pero que finaliza dejándonos un embarazoso aroma de melancolía, una inocultable  insatisfacción y una lacerante sensación de frustración.

 

* José Ángel Moreno Izquierdo es Secretario del Patronato y miembro de la Junta Directiva de Economistas sin Fronteras y profesor de RSC de la UNED y de la Universidad de Navarra.

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Comentario por José Ángel Moreno Izquierdo el febrero 15, 2011 a las 7:55pm

Gracias por el documento, Martín. Tiene mucho interés vincular la RS con la innovación, con la inversión en capital humano y con la participación. Y me parece espléndido que la formación universitaria trate de formar no sólo en conocimientos, sino también en responsabilidad: en definitiva, en valores, en desarrollo personal. Sin eso la universidad sería una simple agencia de conocimientos: lo que por desgracia es lo más frecuente.

Felicitaciones por la iniciativa.

José Ángel Moreno

 

Comentario por Martín Mendiola el febrero 15, 2011 a las 1:47pm

Estimado José

te adjunto algunos aportes que van un poco en la linea de lo que planteas.Creo debemos buscar unir , adherir vincular los "tratados" de Responsabilidad Social al Capital Humano , no se puede tratar la RS como una "cosa" sin "identidad y calidez" humano porque queda con "naturaleza" muerta

La responsabilidad social y el capital humano.

Un abrazo

Martín

Comentario por José Ángel Moreno Izquierdo el febrero 15, 2011 a las 12:11pm

Aprovecho el espacio para responder conjuntamente a los amables comentarios de Laura y Paula, con los que coincido plenamente. En efecto, jóvenes y ciudadanía: dos claves básicas para empujar la RSE de verdad en las empresas, para que deje de ser una simple cobertura de esos "falsos empresarios verdes" que señala Laura y para que la empresa que quiera presumir de responsabilidad se vea forzada a asumirla de verdad porque una sociedad consciente y responsable se lo exija.

 

Para eso, entre otras muchas cosas, es fundamental el trabajo de entidades como la Fundación ÉTNOR y el diálogo a múltiples voces que impulsan comunidades como ésta que nos acoge.

 

Muchas gracias por vuestros comentarios y ánimo: no sólo estamos hablando; estamos construyendo RSE.

 

Saludos afectuosos,

 

José Ángel 

Comentario por Paula Otero el febrero 15, 2011 a las 11:11am

 

Coincido plenamente con todo lo escrito; Que la RSE, que al fin y al cabo, ha nacido como un movimiento por la implicación empresarial, haya acabado, en algunos casos, como la bandera de quien no quiere regular nada para evitar precisamente ciertas responsabilidades, es una de las lecturas imprescindibles a mi parecer, evitando cierto triunfalismo que nos impida ver que hay distorsiones, que por mucho que se haya logrado, el logro último está todavía por llegar que es que la mayoría de empresas se lo crean, que la ética llegue a la gestión para quedarse. 

Por ello muchos movimientos sociales de base(yo lo he oído en más de una ocasión) ya hablan de la RSE con desprecio, porque para ellos RSE es sinónimo de excusa, de no quere hacer más, de no implicarse realmente.

En este sentido, me parece (si bien el peso de mi opinión es muy relativo...) que lo que dices,  José Ángel, relativo a fortalecer el tejido cívico es la clave de la cuestión, que no sólo la empresa se implique, sino que una sociedad implicada se lo exija. Por ello me preocupa la fama que ya tiene la RSE entre movimientos de ciudadan@s ya implicados, que ahora lo que piden es regulación, con escaso éxito, por cierto.

No sé, tengo la sensación de que, sí, muchas empresas usan la RSE por aumentar su reputación, pero los poderes públicos deberían regular algunos aspectos de la RSE porque la primera reputación a salvar ahora es la de la RSE en sí misma.

No sé, espero que no sea porque me he levantado con el pie izquierdo, pero creo que ahora esto es lo que hace falta... pero con otro tono, que esta melancolía mañanera que me estoy marcando no sé si sentará bien.

 

Me ha encantado tu artículo, un saludo

Comentario por LAURA el febrero 15, 2011 a las 7:12am

Hola a todos,

 

Regulación y contrapoderes. Totalmente de acuerdo. La impotencia real surge cuando la lucha del tejido cívico se limita al debate público y no traspasa las fronteras de la acción.

 

Antes o después, sucederá. Y el tiempo que transcurra hasta que esto ocurra sólo dependerá de las ganas que le echemos al asunto. De la fuerza y de la voluntad real de la sociedad para que la sociedad cambie. Pero mucho me temo, que aún me siento un poco pesimista en este aspecto. Y ese pesimismo viene fundamentado por las conversaciones que suelo entablar con mi entorno, con gente estudiante, que están introduciéndose al mundo empresarial justo ahora. Futuros empresarios cuya formación ha sido llevada a cabo por las escuelas de negocio responsables de la crisis.

 

Me preocupan y mucho los jóvenes. Creo que son la clave para que en los próximos años se materialicen los dos ítems de los que hablamos. Es necesario que los jóvenes se crean la RSE, que la vivan en su esencia, que se empapen de los valores que ésta defiende y que se formen a personas bajo estos criterios.

 

Si no, mucho me temo que la siguiente década estará llena de “falsos empresarios verdes”, cuya autenticidad sea únicamente superficial, de las puertas de la empresa para afuera. Pues en el interior de la misma, así como en el interior de sus corazones, no existirá un mínimo de preocupación real por su entorno.

 

Saludos,

Laura Martínez 

Comentario por José Ángel Moreno Izquierdo el febrero 8, 2011 a las 5:46pm

Claro que me interesa el documento que señalas, Martín. Y gracias por tu comentario: creo que estamos en sintonía.

 

Un abrazo,

 

José Ángel

Comentario por Martín Mendiola el febrero 8, 2011 a las 5:28pm

Estimados 

José, lo que planteas con respecto al desarrollo...etc de la RSE en las grandes empresas y las Pymes totalmente cierto desde el punto de vista documental o formal.Dado que normalmente si bein en las primeras existe un "dossier" de como desarrollarlo ....éste está elaborado y desarrollado por un comitée de especialistas,como quien dice viene de "afuera" no es "propia" de la empresa tiene el sesgo de "regalmento, o de norma" se "adopta"....en cambio en las Pymes es mucho más informal depende mucho de la impronta de quién dirige como quien dice está en el "aire en la atmósfera  se percibe" pero claro no es sólida ni tiene sustento....

Me identifico mucho con tus comentarios la "evo o invo"-lución de la RSE  y también cuando mencionas al Pacto Mundial.Desde hace un tiempo con un grupo de personas pensamos que debemos buscar formas de generar un vínculo de las "normas criterios ISO de la RSE...." con el capital humano o la responsabilidad personal de los involucrados tiene que existir una "cara visible" 

Después si interesa tengo un documento que describe mejor esto....

Un abrazo 

Comentario por Carmen Martí el febrero 8, 2011 a las 4:47pm
Bienvenido José Ángel a este foro de debate y muchísimas gracias por compartir con nostros tan completo y personal reflexión sobre el camino andado de la RSE, sus frenos, retos, y sabores "amargos". Sin duda viniendo de uno de los grandes expertos en materia de RSE suscitará muchas reflexiones...y espero que comentarios de los que todavía no se han animado a participar!!

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