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Foro de debate sobre ética y responsabilidad social en empresas y organizaciones

Economistas sin Fronteras acaba de publicar un nuevo número (el 32) de su publicación trimestral digital Dossieres EsF, dedicado a impulsar el debate sobre la necesidad de avanzar hacia mayores niveles de democracia económica, afrontando muy especialmente su profundización en la empresa. El dossier, que lleva por título “Reivindicando la democracia en la empresa”, ha sido realizado por el colectivo de reciente creación Plataforma por la Democracia Económica y se ha publicado con la colaboración de la Fundación 1º de Mayo. Puede verse y descargarse aquí.

Como se recuerda en la presentación del documento, el impulso democrático de la transición española se ha encallado en un aspecto muy relevante para la mejora del bienestar de la mayoría de la población: la democratización de las empresas. Un aspecto esencial manifiestamente deficitario en nuestro país y que, sin embargo, la propia Constitución recoge: en su artículo 129.2 dice que “Los poderes públicos (...) establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción”.

Se rata de un deficit que no sólo se limita a los trabajadores, sino que se extiende a los restantes grupos de interés significativos de la empresa, y que puede tener una notable relación con las considerables dificultades para generar valor y empleo sostenible por parte del tejido empresarial y para incrementar su productividad. Un deficit que en otros países europeos se ha venido tratando de mitigar con una decisión sensiblemente mayor. En buena parte de ellos se ha venido produciendo desde hace años una paulatina evolución desde viejos modelos autoritarios de gestión de recursos humanos hacia otros más participativos y transparentes, basados en una nueva cultura del diálogo, la negociación y la participación de los trabajadores, y de otros agentes, al tiempo que se ha reforzado la legitimidad y eficacia de la intervención sindical en las empresas.

En este contexto, se ha venido también fomentando en el marco del Derecho europeo, ya desde dos décadas atrás, la participación de los trabajadores en el capital y en el gobierno de las empresas. Una participación que puede beneficiar considerablemente a las empresas en clave de competitividad, así como contribuir a que las relaciones laborales sean menos conflictivas, mejorando la calidad de su gestión al menos en tres aspectos:

- Impulsa una ampliación de la relación entre valor y coste de sus productos. De esta forma, la empresa puede hacer frente a los mayores salarios que se derivan de la mayor productividad generada por el talento y compromiso que los trabajadores incorporan a la empresa

- Genera relaciones de mayor confianza entre empresarios y trabajadores, que fomentan el aprendizaje colectivo en las empresas, socializando las habilidades y capacidades individuales, de forma que se crea un clima social propicio para la transmisión del conocimiento.

- Desarrolla una mayor capacidad para alcanzar consensos internos en los conflictos de intereses que surgen entre accionistas, directivos, trabajadores, proveedores, clientes e incluso con las comunidades donde se ubica las instalaciones mayores de las empresas. Capacidad que en muchas ocasones es la clave para obtener mejoras de productividad, muy especialmente en empresas que no fabrican productos homogéneos y estandarizados.

Sin embargo, en nuestro país, al calor de las últimas reformas laborales, hemos tomado la dirección contraria. En palabras de María Emilia Casas, catedrática de Derecho del Trabajo y expresidenta del Tribunal Constitucional, ha habido un claro intento de “reinstalar en nuestro sistema jurídico la concepción de la empresa como un territorio de exclusiva gestión de los empresarios, rescatando del baúl de la memoria (…) la figura del empresario como el Señor de su casa, figura ésta ligada a concepciones autoritarias de los sistemas de relaciones laborales”.

A este reto de modernización social y económica, pero también de justicia, responde la creación de la mencionada Plataforma por la Democracia Económica (PxDE), que nace con el objetivo básico de impulsar este debate en la agenda política y social en la sociedad española, así como de promover los cambios legislativos que permitan que la democracia no se detenga ante la puerta de las empresas.

Un reto al que no quiere dejar de contribuir Economistas sin Fronteras y al que responde el número de Dossieres EsF aquí comentado. Los textos que en él se recogen constituyen la expresión de reflexiones y propuestas iniciales de miembros del colectivo PxDE sobre la democratizacion económica, particularmente centrados en el ámbito de la empresa.

Se inician con tres artículos de carácter introductorio. En el primero (“Democracia económica, el momento es ahora”) Ignacio Muro (Unversidad Carlos III) apunta algunas de las razones por las que vuelve a plantearse el debate sobre la democracia económica, y más específicamente, en la empresa, tras décadas de olvido impuesto por la hegemonía neoliberal. En un marco decisivamente transformado por la globalización y por la limitación del margen de maniobra que impone a la política, se revaloriza la centralidad de la reflexión sobre la esencia del proceso de generación y distribución del valor económico y social y sobre las batallas micro referidas a lo productivo y, por tanto, al mundo de la empresa. Es decir, la reflexión sobre la necesidad de encontrar “formas diferentes de abordar la gestión del sistema productivo y del poder económico”. Un debate que se hace en la actualidad imprescindible para superar en un sentido progresista buena parte de las contradicciones y barreras a las que se enfrenta en nuestro tiempo la izquierda. El debate, en definitiva, sobre la necesidad y la posibilidad de avanzar hacia la democracia económica.

En el segundo artículo (“¿De qué hablamos cuando hablamos de democracia económica?”), Félix García (Universidad Autónma de Madrid) examina, al hilo de un recorrido histórico de las relaciones entre capitalismo y democracia, el contenido y las implicaciones del concepto de democracia económica, como horizonte superador de algunas de las limitaciones de la simple democracia política: como elemento esencial de una constante vigilancia necesaria para fragmentar y disolver las relaciones de poder que siempre se generan en las relaciones entre los seres humanos, posibilitando avanzar hacia un empoderamiento individual y comunitario que limite toda forma de opresión en la actividad económica. El autor examina la secuencia de los intentos de transformación de las relaciones sociales de producción con ese horizonte, destacando la proliferación actual de propuestas diversas, que considera valiosas siempre que no olviden la doble necesidad de aspirar a la fragmentación total del poder y al reparto equitativo de la riqueza generada. Objetivos, destaca también, que encaran considerables dificultades, agravadas en nuestro tiempo por una situación en la que se produce “una clara degradación de requisitos elementales para un funcionamiento equitativo de la economía y para aplicar soluciones democráticas a los grandes riesgos existenciales”.

Bruno Estrada (Comisiones Obreras) sostiene en el tercero (“Religión, capitalismo, democracia y sindicatos”) que la democracia ha sido el mejor instrumento que ha encontrado el ser humano a lo largo de su historia para incrementar la cooperación social, que es el vector colectivo que determina a la larga el éxito evolutivo de las sociedades humanas. En esta perspectiva, la creación de sociedades más libres y menos desiguales en el siglo XXI -sociedades de “libertad de alta sociabilidad”- exige no sólo una profundización en el Estado de Bienestar y en la lucha contra las desigualdades, sino también avanzar en la democratización de la economía. Algo que requiere, ineludiblemente, hacerlo en el seno de la empresa, impulsando la participación de los trabajadores en los órganos de dirección y gobierno, con el concurso esencial de los sindicatos.

Tras este primer bloque, se recoge un segundo conjunto de artículos que analizan de forma más concreta diferentes aspectos y dimensiones de la democracia en el interior de la empresa. En primer lugar, José Ángel Moreno (Economistas sin Fronteras) recuerda en su artículo (“Empresa neoliberla vs. empresa participativa. Argumentos económicos para la democracia en la empresa”) la estrecha conexión del modelo dominante de gran empresa cotizada con la revolución neoliberal y la larga y sofisticada serie de argumentos teóricos que la economía académica ortdoxa ha planteado para justificar la optimalidad de ese modelo, presidido por la teórica soberanía accionarial. Frente a ello, destaca cómo se viene consolidando una corriente crítica cada vez más consistente que está desvelando las debilidades y contradicciones de esas argumentaciones, construyendo en su lugar una justificación económica de las mayores eficiencia y justicia de una concepción alternativa de la empresa, basada en una participación significativa en su sistema de gobierno no sólo de los accionistas y directivos, sino también de los trabajadores y de todos los restantes agentes que contribuyen a la creación de valor en la empresa y que padecen más sustancialmente las externalidades negativas de su actividad. Una concepción, por tanto, claramente orientada hacia la democratización empresarial.

A continuación, Sandra Salsón (REAS Madrid), Fernando Sabín (Cooperativa Andaira) y Marcos de Castro (ex-Presidente de CEPES) pasan revista a la empresa cooperativa (“Una persona trabajadora, un voto: la empresa cooperativa”): su génesis, evolución, requisitos, problemas y potencialidades. Un análisis que pone de relieve su inequívoca dimensión democrática y su voluntad decidida de constituirse como entidad económica alternativa a la empresa capitalista: es decir, como empresa que no tiene como finalidad prioritaria el beneficio y que pone en el centro de su actividad a las personas que en ella participan. Tras ello, destacan la revitalización de la inspiración cooperativista en los ultimos años -y particularmente desde el estallido de la última gran crisis- en las múltiples iniciativas que conforman la llamada economía social y solidaria, destacando sus características básicas y su vocación de construcción de redes y de transformación social.

Por su parte, Mario del Rosal (Universidad Complutense de Madrid) y Sara Lafuente (Instituto Sindical Europeo) dedican su artículo (“Codecisión y fondos de inversión de los asalariados: los casos de Alemania y Suecia”) al examen de dos experiencias prácticas de democratización empresarial desarrolladas a escala nacional en dos países europeos a impulso de gobiernos socialdemócratas : Suecia y Alemania. Ambas de evidente interés, aunque sometidas a poderosas limitaciones, que el artículo destaca. En el primer caso -abolido en la actualidad-, se trata de los fondos de inversión colectiva propiedad de los trabajadores y gestionados por los sindicatos, constituidos por la obligación legal de que las empresas de mayor dimensión distribuyeran nuevas acciones a sus trabajadores con cargo a un determinado porcentaje de los beneficios, de forma que los asalariados pudieran ir acumulando una participación creciente en la propiedad -y por tanto en los sistemas de decisión- de las empresas. En el segundo caso, se examina el sistema de cogestión o codecisión puesto en práctica en Alemania y después extendido, con diferentes variantes en cada caso, a otros países europeos. El sistema alemán se basa en la participación de los trabajadores en el gobierno empresarial a través de un órgano paralelo al consejo de administración convencional (el consejo ejecutivo): el llamado consejo de vigilancia, con funciones de supervisión e inspección y que tiene capacidad de solicitar todo tipo de información al consejo ejecutivo.

En el último artículo del dossier (“Otras miradas para entender lo económico y la institución empresarial”), Amparo Merino (universidad Pontificia de Comillas) y Gaël Carrero (Universidad Autónoma de Madrid) reflexionan sobre otras formas de entender la economía y otros modelos de empresa que quedan claramente fuera de la mirada de la lógica económica dominante y que pretenden enfrentarse a los costes externos, insostenibles a medio-largo plazo, que el capitalismo está generando. Otras formas de hacer empresa que no persiguen el beneficio y que buscan superar las contradicciones sociales y ambientales derivadas del conflicto capital-vida inherentes al modelo imperante, compartiendo -dentro de su diversidad- el rechazo a convertir a los seres humanos y a la naturaleza en factores productivos. Formas de empresa que se alinean en el ámbito de la economía social y solidaria, ecológica y feminista y que se fundamentan (e impulsan) en la democratización de la economía, entendida -como señalan las autoras- “en un sentido amplio, como un proceso de revisión crítica de nuestras formas de gobernanza, de relación con la naturaleza y de organización de la vida en común”.

Se complementa el dossier con un anexo en el que se recoge el manifiesto fundacional de la Plataforma por la Democracia Económica y con las habituales secciones de Dossieres EsF de “El libro recomendado” (en este caso, La revolución tranquila, de Bruno Estrada) y “Para saber más”.



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