Comunidad ÉTNOR

Foro de debate sobre ética y responsabilidad social en empresas y organizaciones

 

Acabamos de publicar el volumen Valors tous en temps durs. La societat catalana a l’Enquesta Europea de Valors 2009, resultado del estudio impulsado por la Fundació Lluís Carulla y la Cátedra de Liderazgos de ESADE. Esta encuesta se viene realizando en 45 países europeos desde el año 1981 repitiéndose cada década. En Catalunya disponemos de los resultados correspondientes a los años 1990, 2000 y 2009, tiempo suficiente para poder comparar respuestas, detectar cambios y estudiar la evolución de determinadas valoraciones. Estos instrumentos siempre son como un juego de espejos, en los que a veces se confunden diversas miradas, no fáciles de discernir (cómo nos vemos, cómo nos pensamos, cómo somos, cómo creemos que somos…). Pero la perspectiva comparada nos permite detectar tendencias que, sin caer en la tentación de la generalización, nos pueden ayudar a identificar algunos rasgos que nos configuran y pueden enriquecer nuestro debate público.

En primer lugar, se vislumbran tres evoluciones de largo recorrido presentes ya en los estudios anteriores. Hay un acentuado proceso de individualización que muestra un distanciamiento progresivo de las instituciones sociales tradicionales y de los vínculos colectivos. Sigue aumentando la preferencia por la realización personal. Y se da prioridad al bienestar emocional (por encima de la razón) deslegitimando todo deber moral impuesto externamente por las instituciones.

Podemos destacar nueve rasgos tendenciales. 1. La familia continua siendo un valor central pero padece profundos cambios: se desinstitucionaliza, pluraliza sus formas, democratiza sus relaciones y sus roles, pierde su carácter indisoluble y debilita sus relaciones de solidaridad intergeneracional. Tenemos una "familia plástica". 2. Hemos internalizado de manera unánime la igualdad de género y de roles y la mujer sigue apropiándose terrenos sociales antes negados. Esta igualdad "de iure" no significa sin embargo todavía una igualdad "de facto". 3. Hay una progresiva pérdida de centralidad del valor del trabajo. El trabajo es cada vez menos un valor final y cada vez más un valor instrumental. Aumenta la deslealtad mutua entre empresa y trabajador y se debilitan los valores de pertenencia y compromiso. 4. Emergen dos nuevas centralidades: el ocio y el valor de las relaciones sociales o de amistad. 5. Sigue aumentado la participación asociativa, pero esta es mayoritariamente de signo pasivo (pago de cuotas), clientelar (deportivas, recreativas) o corporativo (profesionales). Desde 1990 crecen los denominados nuevos movimientos sociales (especialmente entre jóvenes) y descienden sindicatos, partidos políticos y organizaciones religiosas. Se produce a marchas forzadas una feminización del fenómeno asociativo. 6. Aumenta el grado de interés por la política y la participación informal de los ciudadanos, pero también es creciente la desafección hacia la clase política y sus instituciones y el alejamiento de las vías formales de participación. Se expresa un profundo sentimiento demócrata pero una gran insatisfacción con el desarrollo de la democracia en nuestro país. 7. Aumenta el sentimiento de pertenencia únicamente o prioritariamente a Catalunya y disminuye el sentimiento de pertenencia a España. Retrocede la opción autonomista y aumenta claramente la opción independentista. Y en todos los casos se expresa una rotunda radicalidad democrática basada en el "derecho a decidir" de los catalanes. 8. Todos los segmentos sociales opinan que la inmigración comienza a ser excesiva en Catalunya. Es una queja más de tipo socioeconómico (relacionada con la escasez de recursos y la competencia laboral) que de tipo cultural. 9. Se refleja una secularización creciente y un aumento del ateísmo. Y en paralelo emerge una nueva forma de religiosidad desinstitucionalizada. Tenemos creyentes sin iglesia e iglesias sin creyentes.

Recapitulando… para el debate. La apropiación individualista de los diferentes espacios de nuestra vida nos lleva al rechazo de toda estandarización, de todo deber moral externo y a la personalización o adaptación de todo aquello que nos es significativo a nuestras preferencias personales. Llevamos una "vida tuneada" y tendemos a tunearlo todo: la familia, la religión, el trabajo, el ocio, la política… Contradictorio o no, este bricolaje vital se traduce en un lema simple: "ley y orden" en la esfera pública y "vive y deja vivir" en la esfera privada, con derivas hacia la laxitud moral, el presentismo y el hedonismo.

En lo colectivo, el elemento que, comparativamente, cohesiona nuestras individualidades es justamente la identidad nacional. Combinamos un claro individualismo liberal con un fuerte sentimiento nacional, probablemente porque se sigue considerando que (el reconocimiento de) la dimensión nacional sigue siendo un componente relevante y valioso de nuestra individualidad.

En conclusión, hay tres grupos de valores que mueven y conmueven a los catalanes de hoy. Son tres grupos de valores en tensión que suponen tres retos de futuro. Por un lado, ¿sabremos equilibrar bien la combinación de nuestra autoafirmación individual y colectiva? En segundo lugar, nuestra progresiva desinstitucionalización y el rechazo de toda autoridad externa impuesta nos obligará a reinventar nuestras pautas de vida cotidiana y nuestro sentido de la autoridad. Y, por último, ¿podremos conciliar los nuevos valores vinculados a la autonomía individual con los viejos valores colectivos de la solidaridad, la responsabilidad y la cohesión social?

[Artículo publicado en La Vanguardia conjuntamente con Àngel Castiñeira el 01.05.11]

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Comentario por Carmen Martí el mayo 3, 2011 a las 10:59am

Hola Josep Mª:

Muy interesante artículo y estudio, pues aunque tratáis sobre los valores en Cataluña creo que muy posiblemente se pueda externalizar al resto de comunidades y al conjunto de España. La verdad es que preocupa el crecimiento del individualismo por encima de todo, desde la familia, al trabajo, a la vida social, a las amistades, etc. Pero sin lugar a dudas vemos ejemplos de ello en la calle todos los días. Como destacó José Ángel Moreno hace unos meses en el Seminario ÉTNOR, una de las claves es potenciar el tejido asociativo, tan necesario para la democracia, pero un tejido asociativo "real", más allá de las cuotas a las Ongs, tan necesarias pero no suficientes.

Otro aspecto que también me parece fundamental es el cambio en la concepción del trabajo de fin a medio instrumental. Si bien es cierto que se puede considerar positivo el "no vivir para trabajar" y el aprovechamiento y lucha por los tiempos de ocio y familia, sin lugar a dudas estamos viviendo una pérdida clara de la vocación y la autorrealización personal a través del trabajo, y esto sin lugar a dudas va a marcar las profesiones en el futuro...

Gracias Josep Mª y Ángel por acercarnos este estudio y hacernos pensar.

Un saludo,

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