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LA TRAGEDIA ÚNICO ELEMENTO DE OBJETIVIDAD ÉTICA EN LA TRADICIÓN LIBERAL

Este artículo se plantea como una crítica radical a la tradición liberal en la que se desarrolla la ética contemporánea, por su incapacidad para proporcionar pautas morales suficientemente fundadas y compartidas.

Se podrá advertir que las teorías que conforman la tradición liberal y que son responsables de la situación en la que se encuentra su ámbito moral, son producto de la incorporación al liberalismo de las principales teorías del paradigma mecanicista. La idea de mecanicismo engarzará tanto con el concepto de mecánica, como estudio de cuerpos móviles, como con la imagen de la máquina, lo que nos proporcionará las primeras claves de esta cosmovisión: por un lado, la percepción de la Naturaleza sin ningún tipo de finalismo y por otro, la previsible regularidad de su comportamiento. Fue la concepción de Galileo de que el libro de la Naturaleza se encontraba escrito con caracteres matemáticos la que afianzó la idea de una realidad mecánica en la que no cabía fin alguno y en la que se podía esperar que su comportamiento estuviera sujeto a las leyes inmutables y seguras de las matemáticas; a las que podríamos acceder mediante el procedimiento de la resolutio o análisis de sus elementos más simples.

La forma de trasladar esta cosmovisión al terreno social, político, antropológico y cultural resultará en los problemas de falta de objetividad por los que atraviesa el ámbito moral en la tradición liberal.

Será el fracaso de los principios mecanicistas en su forma de entender el conocimiento científico, el espacio social y el cultural el trasfondo sobre el que adquirirá inteligibilidad la situación de falta de objetividad por la que atraviesa la ética liberal. Los cargos éticos que podemos imputar al liberalismo por la adopción de este paradigma mecanicista estarán relacionados con sus fundamentos filosóficos: 1.- Con su filosofía de la ciencia (el Positivismo) a la que podemos atribuir la responsabilidad de reducir la racionalidad al ámbito de los hechos. 2.- Con su filosofía social, a la que podemos achacar la carencia de un proyecto de vida compartido. 3.- Con su filosofía política, convertida en ciencia política, a la que reprochará su neutralidad moral y 4.- Con su filosofía de la cultura, convertida en Antropología, a la que le achacará una perspectiva lógico-material no generadora de sentido para la acción.

 En relación a la filosofía de la ciencia hay que decir que será el Positivismo Lógico la escuela que dominará el conocimiento en la tradición liberal. Esta escuela, heredera del mecanicismo cartesiano, será la responsable de que la ética no disponga de criterios de racionalidad al considerar que ésta forma parte de un ámbito de proposiciones no científicas o como mucho, una parte de la psicología positivista. La objetividad y la racionalidad que incorporará por tanto la tradición liberal, impedirá la formación de ese sistema o contexto que proporcionará, en la versión aristotélica, objetividad a la acción. De acuerdo a la racionalidad positivista en primer lugar, la acción habrá que entenderla de forma analítica o atomizada, con la idea de acción básica, lo que supondrá entenderla de forma aislada, despojada de los componentes psicológicos (intención, propósitos, expectativas), sociales y culturales que tenía en el esquema Aristotélico. En segundo lugar, tendrá que ser explicada con las características de universalidad que propone el conocimiento proporcionado por el positivismo lógico, lo que supondrá reducir la acción a los elementos observables y universalizables de la conducta humana; es decir, a los componentes fisiológicos que la sustentan. La necesidad que tiene este tipo de conocimiento positivista de conjugar empirismo y universalidad, obligarán a entender la acción moral como un proceso psicológico más y a hacer de la ética una parcela de la Psicología. Concretamente, la ética va a caer en el ámbito de una psicología fisicalista, el conductismo, que se va a ver incapaz de explicar la acción, en ausencia de procesos mentales complejos como la intencionalidad o las expectativas, con el raquítico esquema estímulo-respuesta (E-R). Pero no fue solamente la forma que tuvo el liberalismo de comprender la acción mediante la racionalidad mecanicista lo que provocó el estado actual de la ética. El efecto que tuvo esta cultura liberal mecanicista sobre las instituciones del liberalismo político, en el sentido de entenderlas como desprovistas de cualquier idea de proyecto de vida compartido sería otra de las causas por las que la ética se encontraría en la situación actual, de falta de criterios compartidos de racionalidad. Será el mecanicismo el responsable del surgimiento de una serie de teorías: sobre la sociedad, sobre la naturaleza humana, sobre la política y sobre la cultura, con las que podemos identificar la tradición liberal, que van a impedir que la acción social se pueda orientar por algún fin diferente a la consecución de los fines privados del individuo, posibilitando así que la racionalidad estratégica sea la que domine en el ámbito social.

Este panorama hace necesario que transitemos los más rápidamente posible hacia una paradigma sistémico, en el que el contexto dote de sentido a la acción individual; pero lamentablemente, hay que reconocer que solo la tragedia, como la de Japón o la de la población civil de Libia, es la que consigue que cambiemos en la acción nuestro punto de vista moral, de los intereses individuales a los colectivos.

 

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