Comunidad ÉTNOR

Foro de debate sobre ética y responsabilidad social en empresas y organizaciones

     Se puede intuir que las personas que trabajamos en una misma institución actuamos motivadas por una cultura común que impulsa nuestra dedicación, nuestro compromiso y nuestra lealtad al proyecto compartido que entre todos vamos construyendo. La dedicación, el compromiso y la lealtad a un organismo o institución es la medida de nuestra profesionalidad. Lo vean todos, lo vean algunos o no lo vea nadie.
     La cultura común y el proyecto compartido se caracterizan, en esencia, porque ambos se van desarrollando en función de la capacidad de liderazgo que demuestran aquellos que poseen la autoridad, aunque tampoco hay que despreciar la filosofía de trabajo de la ejemplaridad por la que todos somos ejemplo para todos y por la que cada individuo toma conciencia de la importancia de su papel en la sociedad. Y es que así es, autoridad y ejemplaridad son indispensables para alcanzar la excelencia de una institución.

     La cultura común y el proyecto compartido han de estar claramente definidos y difundidos para no caminar a ciegas, de manera que cada individuo tenga la certeza de cuál es su responsabilidad y su cometido en el organismo y en la sociedad. Todos somos reemplazables pero cada uno de nosotros es singular.

     El concepto cultura común se refiere al lenguaje verbal y no verbal de los miembros de una institución, a las costumbres, a las leyes no escritas que regulan su vida cotidiana y que matizan el pensamiento y la acción del conjunto de sus miembros como equipo. Para un ajeno a la institución es todo un hallazgo descubrir estos esquemas mentales -estas ideas- y estos esquemas de conducta -estos comportamientos- que no pasan desapercibidos porque son diferentes en cada organismo.

     El concepto proyecto compartido marca la dirección de las ideas y las conductas de las personas que forman parte de una institución. Establece objetivos, sistemas de medición, responsables, plazos y detalles que hacen posible que se materialice en la realidad lo que al principio era un deseo.
     Sin embargo, la cultura común y el proyecto compartido contienen la tentación de un pensamiento único. La expresión "pensamiento único" esconde la comodidad de dejarse llevar por los prejuicios, por los problemas resueltos, por las soluciones estándar y por las conclusiones complacientes. La tentación de un pensamiento único siempre estará ahí, solo el amor individual a la verdad la puede esquivar.

     Este amor individual a la verdad es personal y singular, porque cada uno de nosotros lo somos. Como individuo soy inteligencia y soy sensibilidad, mi inteligencia y mi sensibilidad. Que son las mías y no son las de otro. Con ellas he ido tejiendo mis experiencias, creando mis reflexiones, de manera que no me he detenido ni me he escondido detrás del "pensamiento único".

     Por amor a la verdad he ido escribiendo mi historia, con mi experiencia y mi inteligencia, de modo que se puede entender que la experiencia es lo que se ha vivido y la inteligencia es lo que se ha reflexionado. Quien tiene experiencia e inteligencia no tiene por qué temer al pensamiento único, que nos tentará con todos sus encantos pero al que sabremos tratar como a un mal chiste, riéndonos de su malicia y de su poca gracia, porque pudo llegar a ser algo excelente y se quedó en algo mediocre.     

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