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EN OCASIONES ES NECESARIO CAMBIAR LAS COSAS PARA QUE NADA CAMBIE

De crío recuerdo cómo me turbaba el pensamiento, a la vez que captaba toda mi atención, el mago que en la tele cortaba por la mitad a su compañera y luego aparecía integra y sin un rasguño. Siempre pensé que esa magia tenía un poder especial sobre el pensamiento de las personas. Con los años uno conoce la naturaleza de los trucos y los lee en el contexto de un espectáculo de entretenimiento en el que obtienen nuestra admiración por sus habilidades y destrezas. Hasta aquí todo va bien. El problema surge cuando empiezas a ver a otros “nomagos” cuyos actos lejos de ser trucos inofensivos y destinados al disfrute de las personas buscan su lucro personal haciendo creer que la sierra realmente ha partido a la persona cuando en verdad esto no ha ocurrido.

El esfuerzo de muchos miles e incluso algunos millones de personas en el mundo para cambiar las cosas, para proteger la vida, no es magia. Viene de la magia interior de todas estas personas, héroes anónimos la inmensa mayoría, pero sus actos son reales y fruto de un gran esfuerzo, normalmente realizado contra corriente. Su fuerza es tal que desacreditar los resultados o intentar esconderlos es casi imposible pues la realidad es tozuda y no se deja hundir en el fango. Ante esto aparece el “nomago” como el hacedor de cambio para que nada cambie. Lo que es peor, muestra el truco a esos millones para que, como él, creen el cambio que sabe que nada cambia. Lo hace con el verbo de los héroes anónimos, desde el mundo de la disrupción llegando a situarse en el liderazgo de un proceso que él no quiere. De esta manera trasladará el movimiento a un escenario donde sabe manejar el truco que mantiene lo de siempre.

Cambiarlo todo para que nada cambie. Gentes enaltecidas desde el rechazo de la injusticia, la desigualdad, la marginación, etc. fagocitadas en el verbo y en las formas por un poder real. Un poder de lo establecido que ve peligrar su estatus con estos movimientos y que prefiere trasladarlos a donde sus hechos dejan de serlo que enfrentarse a ellos. Transformar lo real en virtual, el cambio en continuidad, o aun peor, en el fortalecimiento de lo establecido.

Pretendido cambio que sólo modifica la apariencia y acaba trabajando para ser lo mismo que quería cambiar. Ingenuos que piensan que se les cederá el puesto de “nomago” porque vieron que alguno lo consiguió. Lamentable, pues no fue más que un señuelo, otra ilusión que confunde la realidad.

Políticos de todos los tiempos que hablaron del cambio y una vez suben al escenario pierden el objetivo, los que lo tuvieron, y aceptan el juego de no tocar lo que no se debe. Cuidado y prudencia, racionalidad y desconfianza, egoísmo y miedo, se adueñan de sus actos. Pero para seguir en el cartel del teatro deben mostrar que están alineados con esos objetivos que en la calle aprendieron.

Nuevas herramientas peligrosas para el mantenimiento del beneficio de unos pocos acaban siendo utilizadas por estos mismos para perpetuar o mejorar su situación. Herramientas asépticas que dan tan diferentes resultados cuando cambian de manos.

Empresarios del espectáculo virtual del cambio que consiguen alienar a los insurrectos para neutralizar la fuerza que nace de la necesidad vital de justicia, de la más auténtica naturaleza humana.

Malos magos, “nomagos”, unos pocos, que se apropian de consignas, formas, herramientas y verbos, para mantener su posición privilegiada a costa de los demás.

Raúl Contreras
NITTÚA

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