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Desayuno Empresarial en Sagunto con Adela Cortina «no hay buenas sociedades sin empresas éticas»

 

 Adela Cortina «no hay buenas sociedades sin empresas éticas»
Desayuno Empresarial en Sagunto
 
El pasado martes, 30 de junio de 2015, en Sagunto, se llevó a cabo un Desayuno Empresarial organizado por la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), auspiciado por el Banco Sabadell, y con la participación de la Asociación de Empresarios del Camp de Morverdre (ASECAM) y la Fundación ÉTNOR. La Catedrática de Ética de la Universitat de València y Directora de la Fundación ÉTNOR, Adela Cortina, se encargó de explicarnos «¿Para qué sirve realmente la ética?».

El desayuno se inició con algunas palabras del Presidente de la CEV, Salvador Navarro, agradeciendo la presencia de todos los invitados y aprovechando la oportunidad de estrechar lazos con La Fundación ETNOR para trabajar en conjunto en un Observatorio de Cooperación Público-Privada. Posteriormente, tuvo la palabra Cristina Plumed, Presidenta de ASECAM, quien resaltó que «a pesar de que los empresarios hemos demostrado ser camaleónicos y adaptarnos a los cambios, la ética es necesaria, y la sociedad necesita un cambio». 

Luego, Enrique Belenguer, Presidente de la Fundación ÉTNOR, recordó que «ÉTNOR significa ética para los negocios y las organizaciones. La fundación es un espacio de reflexión no solo académica, sino también un espacio para la acción, para empresarios que quieren hacer las cosas bien y las hacen bien, para hacer de la sociedad valenciana una más justa, más ciudadana».
 
Adela Cortina comenzó su conferencia hablando de su libro y del Premio Nacional de Ensayo 2014 que recibió, y apuntando que «las empresas son más o menos morales, pero nunca están más allá del mal o del bien moral» como también ocurre con las universidades, los políticos, con todos. Su exposición estuvo centrada en «qué se gana con ser ético o no serlo», al hilo de la propia historia de ÉTNOR. Como las neurociencias han ido confirmando en cuanto a que «los cerebros más que procesadores lógicos, son procesadores de historias», explicaba los dos objetivos que se plantearon hace 25 años: por qué la ética es rentable para las empresas y por qué para que existan buenas sociedades se necesitan empresas éticas. 

«Una buena empresa es un bien público, porque trabajan en ella unos cuantos, pero después la disfrutan todos. Porque las empresas dan una riqueza que no dan otro tipo de organizaciones: las empresas dan bienes materiales, dan trabajo, dan transferencia tecnológica, gestionan el conocimiento, y proporcionan una serie de valores intangibles para que una sociedad funcione correctamente: como la generación de confianza», afirmaba. 

La crisis en parte se ha producido por la falta de ética, y por eso hay que rescatar la idea de que para que la sociedad salga adelante necesita hacerlo sobre tres elementos: el poder empresarial, el poder político y el poder ciudadano. «Si no hay sinergia entre los tres, no hay modo de construir una buena sociedad» comentaba. 

Nuestra ponente indicaba que hace falta empresarios excelentes, referentes: que no haya solamente los héroes tradicionales que lo dejan todo para ayudar a los menos favorecidos, sino empresarios que crean riqueza, puestos de trabajo y que el imaginario lo vea también como un ejemplo a seguir, agradeciéndole su labor; que se cree la leyenda del empresario excelente.

«Lo interesante de la ética en la empresa, es que ha nacido desde las empresas. Nace como una necesidad, una exigencia desde dentro de la actividad empresarial» en la búsqueda de una guía, de cómo hacer las cosas bien alrededor de los años 70. Adela recordó que 
el evento marca ese comienzo fue el caso Watergate, por la ruptura de la confianza. Luego el caso Enron, por no existir una figura que pudiera controlar al controlador, y por último, la polémica afirmación de Milton Friedman «la responsabilidad social de la empresa consiste en aumentar el beneficio los accionistas».

Años después, Edward Freeman, concibe que lo importante de la responsabilidad social es la satisfacción de los intereses de todos sus stakeholders, y desde la Escuela de Valencia con su renovada ética dialógica, traducen stakeholders por afectados por la actividad empresarial. «No hay ninguna actividad que no tenga afectados, siempre los hay por acción u omisión, y éstos tienen diferentes expectativas, pero como dice Domingo García-Marzá, tienen que ser expectativas legítimas, no cualesquiera» y agregaba que «el núcleo de la responsabilidad social es que la empresa tenga en cuenta las expectativas legítimas de sus afectados y trate de satisfacerlas, siempre desde una perspectiva ética».

La Catedrática en Ética aclaró que la responsabilidad social, entendida desde una perspectiva ética, no significa más que «una herramienta de gestión, una medida de prudencia y una exigencia de justicia», y cerró su intervención con la máxima kantiana que dice «obra de tal manera que trates a la humanidad tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca como un medio. Los seres humanos son fines en sí mismos, tienen un valor absoluto, no se les debe instrumentalizar, tiene que estar a su servicio la empresa, la universidad, la política, la economía, porque los seres humanos tienen dignidad y no un simple precio».

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